09·09·26Reflexiones3 min de lectura

Siempre eres tú la que hace las fotos

Tienes cientos de fotos de tus hijos. Pero ¿cuántas tienes con ellos?

Quiero que hagas una cosa. Abre la galería del móvil y busca una foto en la que salgas con tu peque. Una que te guste. En la que se os vea juntos, sin que tengas que estirar tú el brazo para hacerla.

¿La has encontrado enseguida o has tenido que bajar un buen rato?

A lo mejor tienes muchísimas. Ojalá. Pero si has pasado por veinte fotos con los abuelos, otras tantas con su padre y una colección entera de tu hijo comiendo exactamente lo mismo, antes de encontrar una contigo, esto va por ti.

Porque seguramente tú estabas en casi todos esos momentos. En el cumpleaños, en el paseo, en esa tarde en casa en la que no pasó nada especial, pero estaba tan gracioso que sacaste el móvil siete veces.

Tú estabas. Lo que pasa es que estabas haciendo la foto.

Eres la que se da cuenta de ese gesto nuevo, la que quiere guardar cómo duerme con la boca abierta o cómo se le queda el pelo después del baño. Y menos mal que haces esas fotos. Me parece bonito que alguien mire con esas ganas de guardarlo.

Pero también entiendo que te apetezca tener alguna desde el otro lado.

Que alguien os vea juntos y piense: esto se lo voy a guardar. Sin que tengas que darle el móvil, explicarle desde dónde y pedirle otra porque en la primera habéis salido con los ojos cerrados.

No quieres tener que organizar también la foto.

A veces quieres estar ahí, con tu hijo encima, y que alguien se acuerde de ti. De cómo lo miras. De lo que haces con la mano mientras se duerme. De esa manera tan vuestra de estar juntos que tú conoces perfectamente, pero casi nunca ves desde fuera.

Y te digo algo: no necesitas esperar a una sesión para empezar a tenerlo. Puedes pedirlo hoy. «Haznos fotos de vez en cuando. Aunque no estemos haciendo nada. Aunque no te lo pida.»

También puedes decir qué fotos te gustan. Puede que no quieras mirar a cámara y sonreír. Que lo que te apetezca guardar sea cómo os quedáis en el sofá después de comer.

Cuando te fotografío, a mí me importa mucho esa parte. Que puedas estar pendiente de él y que de mirar por la cámara me encargue yo. Que después te encuentres en las imágenes haciendo algo que reconoces como tuyo.

No voy a decirte que, si no sales en las fotos, desapareces de su infancia. Tú sabes todo lo que estás ahí.

Pero también mereces poder verte.

Y tener una foto de los dos que te apetezca mandar, imprimir, poner en casa. Una que no hayas tenido que hacer tú.

Amanda

Mamá fotógrafa, desde algún lugar entre la piel y la cámara

Mándaselo a alguien que siempre hace las fotos

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