Volver a las 36 fotos
Estoy volviendo a la fotografía analógica. Y me está haciendo una ilusión que necesitaba contarte.
Hoy va de mí y de algo que vas a empezar a ver en mis sesiones: estoy incorporando fotografía analógica y me está enamorando otra vez.
Porque ya me enamoró una vez.
Estudié grado medio y grado superior de fotografía. En esa etapa trabajaba con analógico y hacía yo misma el revelado. Me flipaba ese proceso. Había algo en hacer una fotografía y participar después en todo lo que ocurría hasta verla aparecer que me tenía completamente enganchada.
Ahora estoy retomándolo y me está encantando reencontrarme con aquello.
Si has hecho fotos con una cámara de carrete, quizá recuerdes las ganas de ver qué había salido. Hacer una foto sin poder comprobarla inmediatamente. Seguir con el día y tener que esperar.
Pues yo estoy un poco ahí. Con esa curiosidad.
Trabajo constantemente con imágenes que puedo ver al segundo. Disparo, compruebo, sigo. Y ahora, de pronto, tengo una cámara con la que hago una foto y me tengo que quedar con las ganas de mirarla.
No te voy a decir que no me puede la impaciencia. Me puede muchísimo.
Pero me está gustando.
Saber que tengo 36 fotografías me hace prestar atención de otra manera.
También me gusta lo que me pasa antes de disparar. Saber que tengo 36 fotografías me hace prestar atención de otra manera. A veces espero un poco más. Otras veo algo entre vosotros y hago la foto enseguida, porque siento que es ese momento.
Sigo buscando lo que me llama siempre: acercarme, ver cómo os tocáis, cómo se acomoda tu peque encima de ti, qué pasa en tu cara cuando lo miras. Pero estoy descubriendo cómo cuento todo eso con otra herramienta y otro ritmo.
Y quiero darle su tiempo.
No quiero meter un carrete en una sesión solo porque quede bonito decir que hago analógico. Me apetece que tenga un lugar de verdad en mi trabajo y en las fotografías que te llevas.
Que cuando veas esas imágenes sigas reconociéndome a mí. Y, sobre todo, os reconozcáis vosotros.
Lo que más ilusión me hace es volver a algo que disfrutaba cuando estudiaba y encontrarme con que sigo sintiendo esas ganas, aunque yo haya cambiado tanto desde entonces.
Ahora miro la maternidad desde otro lugar. Hay gestos que me importan de otra manera. Sé lo que puede llegar a significar una imagen de algo que, mientras sucede, parece de lo más normal.
Y estoy llevando todo eso a los carretes que hago ahora.
Seguiré contándote cómo va, porque estoy empezando y tengo muchas cosas por probar. De momento, termino uno y ya estoy deseando ver qué hay dentro.
Qué gusto reencontrarme con esta parte de mí.
Amanda
Mamá fotógrafa, desde algún lugar entre la piel y la cámara
Mándaselo a alguien que echa de menos el carrete
¿Te ha removido algo?
Escribo cosas así en Entre piel y cámara, mi newsletter. Con más calma y alguna historia que no cuento aquí.
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