No quiero salir. Bueno, sí, pero no así
Quieres fotografías con tus hijos. Lo que te cuesta es verte en ellas.
Seguro que te ha pasado alguna vez: te hacen una foto con tu hijo, la abres y vas directamente a eso de ti que no te gusta.
Ni siquiera has mirado bien qué está haciendo él. Tú ya has visto la postura, la cara, el brazo o cómo te queda la ropa.
Y sale el «bórrala».
Voy a ir con cuidado con esto, porque trabajo haciendo fotografías y sé que podría decirte «pero si estás preciosa» y pensar que ya está. Que con eso te he ayudado.
Puede que te haga bien escucharlo. Pero si tú no te ves así, te quedas exactamente donde estabas.
No quiero convencerte a la fuerza de que te guste una imagen de ti.
Puede que tu cuerpo haya cambiado y todavía te estés acostumbrando. Puede que estés cansada, que no te reconozcas en esa cara o que nunca te haya gustado demasiado ponerte delante de una cámara.
No necesitas explicármelo perfectamente para que lo tenga en cuenta.
Y hay algo que sí quiero que sepas: puedes tener ganas de hacerte fotografías con tu peque y sentir inseguridad al mismo tiempo. No tienes que esperar a llegar segurísima, encantada con cómo te ves y sabiendo qué hacer con las manos.
Podemos empezar donde estás.
Puedes contarme qué te incomoda. Puedes decirme que necesitas tiempo o que hay algo con lo que no te sientes a gusto. No me estás complicando la sesión. Me estás dando información para poder cuidarla contigo.
A mí me importa que puedas estar con tu hijo sin pasar todo el rato pendiente de corregirte. Que lo cojas, que te acerques, que os encontréis de una manera que reconozcas como vuestra.
Habrá momentos en los que te olvides de la cámara y otros en los que vuelvas a acordarte. No pasa nada. Nadie te pide que lo hagas perfecto.
También quiero recordarte algo que a veces parece que se nos olvida: puedes hacerte fotografías y no publicarlas.
Puedes quererlas para vosotros. Guardarlas en casa, imprimirlas, mirarlas con calma. No necesitas decidir qué pensarían otras personas antes de saber qué significan para ti.
Y tampoco tienes que elegir en un segundo si te gustan o no. Hay imágenes a las que puedes volver otro día. A veces las miras de otra manera; otras, siguen sin convencerte. No voy a decirte que tengas que quedártelas todas.
Pero sí me gustaría que hubiera un poco de margen antes de borrarte.
A lo mejor no te encanta cómo sales, pero te vuelve loca esa mano de tu hijo agarrándote la cara. O te reconoces en cómo lo sujetas. O descubres cómo lo miras, porque tú nunca te habías visto desde ahí.
Una fotografía puede gustarte por más cosas que por cómo sales tú.
Y quizá, si te das un poquito de tiempo, encuentres una en la que puedas miraros sin empezar por buscarte un defecto.
Me gustaría acompañarte hasta ahí. Sin prisas y sin exigirte que antes resuelvas todo lo que sientes al verte.
Amanda
Mamá fotógrafa, desde algún lugar entre la piel y la cámara
Mándaselo a alguien que siempre dice «bórrala»
¿Te ha removido algo?
Escribo cosas así en Entre piel y cámara, mi newsletter. Con más calma y alguna historia que no cuento aquí.
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