01·10·26Reflexiones3 min de lectura

Cuando se van las visitas

Después de preguntar por el bebé, me gustaría que alguien se quedara a escuchar cómo estás tú.

No sé en qué momento estás leyendo esto. Igual tienes a tu bebé dormido encima y llevas un rato intentando alcanzar algo sin despertarlo. O estás embarazada. O quizá estos primeros días ya te quedan lejos, pero todavía recuerdas muy bien cómo fueron.

Quiero hablarte de cuando se van las visitas.

Ese momento en el que se cierra la puerta y puedes dejar de hablar, de contestar preguntas, de estar pendiente de si alguien necesita algo. Por fin os quedáis tranquilos.

A lo mejor era justo lo que necesitabas.

Y puede que, unas horas después, te apetezca que alguien vuelva.

Puedes necesitar intimidad y compañía en el mismo día. Incluso puedes no saber cuál de las dos necesitas hasta que estás ahí.

Por eso me cuesta cuando hablamos del principio de la maternidad como si hubiera una única forma de vivirlo. Puede que estés feliz, que te sientas acompañada, que estés disfrutando de conocer a tu bebé. Puede también que todo se te esté haciendo más difícil de lo que imaginabas. O que tengas ratos de las dos cosas y no sepas muy bien qué contestar cuando te preguntan cómo estás.

No tienes que resumirlo todo en un «bien».

Los demás van recuperando sus horarios y tú sigues aprendiendo a organizarte en una vida en la que hasta comer algo caliente puede necesitar ayuda. Hay días que pasan despacísimo y, cuando llegan las diez de la noche, tampoco sabes cómo se han hecho las diez.

Y entre tantos mensajes preguntando cuánto duerme, cómo come o a quién se parece, me gustaría que hubiera alguien que se acordara de preguntarte por ti.

«¿Y tú cómo estás hoy? Tengo un rato, cuéntame.»

Con tiempo para escuchar la respuesta. Sin correr a decirte que disfrutes, que pasa rápido. Sin necesitar arreglarlo todo.

A veces lo que te viene bien es hablar. Otras, que te dejen comida hecha. Que alguien se quede con el bebé mientras te duchas o que recoja la cocina mientras tú sigues abrazándolo. No siempre necesitas lo mismo, y estaría bien que pudieras decirlo sin sentirte exigente.

Cuando pienso en fotografiar estos primeros días, pienso mucho en ti también. En que tengas sitio en las imágenes, en que se vea cómo estás viviendo ese encuentro. No quiero que aparezcas solo como los brazos que sujetan al bebé.

Y fuera de las fotos deseo lo mismo: que te sigan viendo a ti.

Si eres tú la que acaba de ser madre, ojalá tengas a alguien a quien puedas decirle «ven» o «hoy no puedo recibir a nadie» con la misma tranquilidad.

Y si estás leyendo esto porque una amiga acaba de tener un bebé, vuelve a escribirle dentro de unas semanas. Cuando ya le hayas preguntado por el parto y hayas conocido al peque.

Seguramente ese día tenga muchas más ganas de contarte cómo está.

Amanda

Mamá fotógrafa, desde algún lugar entre la piel y la cámara

Mándaselo a alguien que acaba de ser madre (o a quien la acompaña)

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Escribo cosas así en Entre piel y cámara, mi newsletter. Con más calma y alguna historia que no cuento aquí.

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