28·10·26Reflexiones3 min de lectura

Me encanta estar contigo. Y a veces necesito un rato sola

Por si alguna vez has sentido que tenías que justificar la segunda frase explicando muchísimo la primera.

Hay una cosa que me gustaría que pudieras decir sin sentirte mal: hoy necesito un rato sin nadie encima.

Sin una mano tirándote de la camiseta. Sin levantarte justo cuando acabas de sentarte. Sin tener que escuchar una conversación mientras, a la vez, estás pendiente de otras tres cosas.

Un rato para terminar algo. Lo que sea. Un café, un mensaje, un pensamiento.

Y puede que, cuando por fin lo tengas, acabes mirando fotos de tu hijo. Que salgas de casa y a los diez minutos estés contando algo que ha hecho. Que te apetezca volver a verlo y, al mismo tiempo, quieras quedarte un poco más donde estás.

Tiene su punto de gracia. Aunque cuando llevas un día agotador no te haga ninguna.

Te lo digo porque me gustaría que dejáramos de poner siempre una explicación delante. Ese «yo quiero muchísimo a mi hijo, pero…» antes de reconocer que estamos cansadas o que necesitamos espacio.

Yo no necesito que me expliques cuánto lo quieres para creerte cuando me dices que estás saturada.

Puedes disfrutar de tenerlo pegado a ti y llegar a una hora del día en la que no quieras que te toquen más. Puedes pasártelo genial jugando y mirar el reloj porque necesitas que llegue el relevo.

No tienes que elegir una sola versión para contar cómo estás viviendo la maternidad.

Y tampoco quiero soltarte un «búscate tiempo para ti» como si fuera tan fácil. Para tener ese tiempo hace falta que alguien se haga cargo. Que puedas salir o cerrar una puerta sin seguir organizándolo todo desde el otro lado.

A veces consigues estar sola, pero sigues pendiente. El móvil cerca, las indicaciones dadas, pensando si habrán encontrado lo que necesitan.

Por eso, cuando hablo de un rato para ti, pienso también en un rato en el que puedas dejar de estar disponible.

Y estaría bien que no tuvieras que gastarlo siempre en hacer recados. Que pudieras elegir descansar, ver a alguien, trabajar en algo que te ilusiona o quedarte mirando el techo. Sin tener que justificar que lo has aprovechado.

Quiero contarte además algo desde mi trabajo. Las fotografías que ves aquí recogen momentos de cercanía, de juego, de ternura. Son reales. Pero alrededor de esas imágenes hay días enteros que no ves.

No quiero que mi fotografía te haga pensar que otras madres viven todo el tiempo abrazadas a sus hijos, tranquilas y felices, mientras tú estás deseando poder ducharte sola.

Una foto puede guardar un rato bonito de un día complicado.

El cansancio no le quita verdad a ese abrazo. Y ese abrazo tampoco hace que desaparezca el cansancio.

Si hoy necesitas un rato, puedes decirlo.

No hace falta que empieces por cuánto lo quieres.

Amanda

Mamá fotógrafa, desde algún lugar entre la piel y la cámara

Mándaselo a alguien que necesita un rato

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